Hokusai, Chillida y la naturaleza

Con motivo de la nueva exposición temporal Japón. Grabados y objetos de arte (31 de enero – 20 de abril), queremos realizar una serie de artículos en torno a la temática de la muestra.

En primer lugar debemos situar a uno de los grandes protagonistas de la exposición y de este artículo, Katsushika Hokusai (1760-1849), cuyo genio creativo supo retratar de manera extraordinaria la fuerza de la naturaleza. En la Sala Noble del Museo podemos disfrutar de sus grabados Tienda de un artesano en las proximidades del Monte Fuji (1798) y Mujer leyendo (1822), cedidos  temporalmente por el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

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Tienda de un artesano en las proximidades del Monte Fuji (1978) y Mujer leyendo (1822)

Con una producción de más de 30.000 obras, Hokusai fallece en 1849, cinco años antes del  fenómeno del japonismo durante el periodo Edo. Fue en este momento cuando su obra se dio a conocer entre los artistas del siglo XIX, especialmente en París. En esta ocasión avanzaremos un poco más en el tiempo para centrarnos en su influencia a finales del siglo XX, concretamente en la producción de Eduardo Chillida (1924-2002). Podremos ver cómo Hokusai y su obra maestra La gran ola de Konakawa – causaron gran impresión en el artista abstracto.

Según relata el propio Chillida, su primer encuentro con la obra del maestro japonés se produjo en 1941 en la Biblioteca Nacional de París[2], realizando su primer homenaje cuarenta años después:

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Casa de Hokusai, Eduardo Chillida (1981)

Casa de Hokusai (1981) es la primera manifestación de su reconocimiento, simulando el oleaje de su conocida estampa. Ocho años después recibiría el encargo de crear esta misma pieza a mayor escala; Chillida se niega, ya que para él cualquier artista que haya evolucionado es incapaz de realizar de nuevo su obra en las mismas circunstancias[3]. En su lugar decide crear la que sería una de sus dos únicas obras inacabadas, Homenaje a Hokusai.

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Maqueta de Homenaje a Hokusai, Eduardo Chillida

Consiste en cinco masas anguladas de hormigón de ocho metros – semejantes y a la vez diferentes entre sí – limitando un espacio en medio del cual se sitúa una pequeña pieza de acero denominada Abrazos. Así, estas cinco piezas verticales recogen en su centro un abrazo dado a la tierra[6]. Debemos mencionar el papel decisivo de la escala: si el ser humano se compara con la pieza central, su estatura le hará sentirse como un gigante;  si se compara respecto a las piezas de hormigón, no podrá evitar sentirse diminuto.

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Fotogramas de De Chillida a Hokusai: Creación de una obra, Susana Chillida (1994)

La obra consta así de dos partes escultóricas diferenciadas, permitiendo a su vez un espacio deambulatorio. La influencia oriental se percibe de manera intuitiva a través de la concepción plástica del vacío[4]; los espacios potencian el espíritu y la materia, complementados[5].

Este Homenaje guarda especial relación con la que iba a ser su ubicación en el valle Hokone, elemento fundamental en las obras más conocidas de Hokusai, y situado a 40 metros de distancia frente al Monte Fuji. Así, desde la propia obra se produce la observación exterior de la conocida montaña, a la vez que permite al espectador adentrarse en el interior de la obra.

De esta forma – y a pesar de las diferencia estilísticas – podemos encontrar la montaña como elemento común en la obra de Hokusai y Chillida. Curiosamente, las dos únicas obras inacabadas del autor vasco están relacionadas estrechamente con esta elevación natural. A Homenaje a Hokusai se suma el polémico Proyecto Tindaya  y el vaciado de la montaña de dicho nombre.

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Maqueta del Proyecto Tindaya, Eduardo Chillida (1994 – Sin concluir)

Homenaje a Hokusai  nunca ocupó las vistas frente al Monte Fuji [7], por lo que nunca llegó a finalizarse y hoy día su paradero es desconocido. No obstante, a través de su proceso de creación podemos observar cómo el japonismo se prolonga a través de los siglos, y las distintas manifestaciones artísticas que aún hoy se enriquecen de su influencia.

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Fuji Rojo, Katsushika Hokusai (1829-1833)

Por Cristina Mª Sánchez Torreblanca.

Notas al pie de página:

[1] http://japonesca.com/ukiyo-e-el-maestro-katsushika-hokusai/

[2] GALANTE RODERO, P., “El oriente de Chillida”, Espacio, tiempo y forma, nº 24, 2011, p. 360.

[3] https://vimeo.com/154996209

[4] Ibid, p. 353.

[5] Ídem.

[6] Ídem.

[7] Ibid, p. 370.

Imágenes obtenidas de:

http://ep01.epimg.net (Consultado: 8/02/2017)

https://simft.fundaciontelefonica.com (Consultado: 8/02/2017)

Bibliografía:

BALIUS I JULI, R., “El deporte en el museo”, Apunts: Educación física y deportes, nº 59, 2000, pp. 103-106.

 GALANTE RODERO, P., “El oriente de Chillida”, Espacio, tiempo y forma, nº 24, 2011, pp. 353-373.

Webgrafía:

http://japonesca.com/ukiyo-e-el-maestro-katsushika-hokusai/ (Consultado: 8/02/2017)

https://vimeo.com/154996209 (Consultado: 8/02/2017)

 

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